Fui abogado en una época. Hoy a mi edad he emprendido y me siguen ilusionado muchas cosas. Sobre todo saber que tengo viejos amigos que son optimistas y de eso no se cansan. Me escribe uno de ellos, Rigoberto Abello Soto, agrónomo egresado de la universidad del Tolima en 1981. Llegó a Santander en razón de su especialización en el cultivo de algodón. Muchos Santandereanos colonizaron las tierras fértiles del Cesar y el boom algodonero se centró en Bucaramanga donde se fijó la sede de SIAS, la Sociedad de Ingenieros Agrónomos de Santander y el Cesar. Varios congresos de ingenieros agrónomos se hicieron con asistencia de ilustres personajes del país como Luis Carlos Galán y el ministro Roberto Junguito, etc.

Pero, de lo que fue un gran faro de la ciencia y el conocimiento agronómico no quedaron sino cenizas.

Hoy, Rigoberto Abello, el viejo agrónomo visionario del agro, se atreve a pensar que la agricultura colombiana no puede seguir al garete. El “boom” de los aguacateros, de los limoneros y de otras ilusiones del agro, pueden llegar al colapso si no existen organizaciones, que en asocio del Estado, orienten el azaroso mundo de los mercados.

La producción agraria de los países socialistas quedó hecha una sopa sin sabor. El chaparrón de los “mercados” del mundo libre los dejó sin poder competir y a punto de la quiebra.

El precio de los aceites de oliva disparado a las nubes, por el gobierno socialista español, se desploma ante la racionalidad política de los mercados del mundo. La oferta del “aceite de palma” más barato lo tiene en apuros. Además se eliminaron las injustas prevenciones de la Organización Mundial de la Salud y le devolvieron a la palma los beneficios por el contenido de “caroteno”.

Rigoberto Abello tiene razón, es el momento para que los agrónomos independientes se organicen o la agricultura del país seguirá por un rumbo incierto.

El actual gobierno del socialista Presidente Petro, se queda en… “palabras, palabras, tan solo palabras” como dice la canción. Y para colmo de males dándoles garrote a los cafeteros. Rompe relaciones con Israel, modelo de organización agraria. Y esta semana aparece un “garganta profunda” contando hechos gravísimos sobre compras y contrataciones de este gobierno.

La economía del mundo de hoy no transita por un medio puente. Para decirlo como el poeta Góngora: “se necesita un puente para treinta mares”.

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