RECUPERAR  LA SOLIDARIDAD CIUDADANA E INSTITUCIONAL PEDIDO DEL PAPA

 

RECUPERAR  LA SOLIDARIDAD CIUDADANA E INSTITUCIONAL PEDIDO DEL PAPA

No sólo por el advenimiento de la pandemia en este 2020, sino desde el  año 2019 por la debacle económica y el resurgimiento de la violencia  en diferentes regiones del país, el conglomerado  social en Colombia ha vuelto a padecer de tribulaciones de triste recordación, como las sucedidas en las décadas de los años 60 y 80. El confinamiento durante  cerca de seis  meses  acompañado de toque de queda, restricciones de movilidad entre municipios y departamentos, más las medidas  del pico y cédula, han modificado de manera absoluta las relaciones interpersonales y familiares.

Hasta mediados de marzo de 2020 nuestro devenir pendía necesariamente del trato con  los demás colegas, compañeros de actividad y de  las amistades,  que muchas veces por el contacto permanente asumían tanta o  más importancia que la de  los mismos  padres, hermanos o hijos,  con quienes el contacto se había vuelto superficial o de simple vecindad; mientras con aquellos se compartía la mayor parte del tiempo y  hasta  aspectos íntimos y personales. Hoy esa modalidad de vida de relaciones externas cambió y se volvió a la convivencia de la familia nuclear en   hogares más integrados y participativos entre todos sus componentes. La interacción  personal con terceros se aminoró y durante un par de años va a ser ese el común  denominador.

La solidaridad en tiempos de escasez, de dificultad, de receso,  es el más importante baluarte para que  todas las personas  se reencuentren  y se apoyen entre sí. Es necesario reconocer cómo en  varios de los países de la región, las dificultades de orden político, social, económico, de género e ideología, han dado lugar a una diáspora que recorre gran parte del continente. Centroamérica lo ha sentido con su migración  hacia el norte; en Latinoamérica los desplazamientos se dieron   hace 20 años  desde  Colombia a Ecuador y a Venezuela;  hace menos de 10 años fue de Ecuatorianos hacia Colombia y desde el 2019 de forma masiva de Venezolanos al territorio Colombiano, con las consecuencias de marginalidad, dolor, angustia y desesperanza para unos y otros que sufren por la carencia de recursos y oportunidades en estos  países del tercer mundo.

Por esa razón es indispensable que los principios de  humanidad, solidaridad  y ayuda mutua vuelvan a tener la importancia que tuvieron en el pasado;  cuando las familias, los vecinos, los amigos y conocidos se concertaban para apoyar a quien caía en desgracia, o era víctima de algún siniestro. Hoy por ti, mañana por mí,  era un dicho de uso y práctica corriente.

Al  desvalido y a  los  más necesitados se les ayudaba sin distingo,  como una forma de cumplir con el mandato de  la fe cristiana,  de  la esperanza y la caridad como  virtudes teologales y como un concepto espiritual y moral de servir y de ser útil a la sociedad en que vivimos.

Como el virus que golpea a la humanidad desde hace 7 meses a decir de  los científicos, va a permanecer alrededor de tres años, muchas personas cabeza de familia, comerciantes, empresarios, profesionales, empleados calificados, obreros y trabajadores de todo orden,  han visto disminuidos ingresos y actividades a punto tal,  que se vienen cerrando de manera continua, negocios, comercios y pequeñas  industrias; con lo cual  desaparecen muchos puestos de trabajo y  el receso económico se hace evidente, por lo tanto hay peligro de aumento de  la pobreza y lo que es peor de la mendicidad.

Es hora de volver a las buenas costumbres de compartir, de dar la mano, de apoyar a tantos desvalidos para que se aminore un tanto el cuadro de necesitados que crecen por doquier en campos y en ciudades. Dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, consolar al desvalido son manifestaciones de misericordia que en una sociedad de consumo, individualista y excluyente impuesta como modelo  por los  países poderosos,  gracias a su inusitado  éxito económico, hicieron olvidar al ser humano sus objetivos existenciales y la importancia de trascender, de ser solidario con los demás.

Los dirigentes y  servidores públicos, las colectividades políticas y sus seguidores, deben tener  presente  el fin último de la institucionalidad de una nación,  que debe ser la del bien común, de contribuir al mejoramiento del nivel de vida de todos las personas que la conforman,  sin miramientos de raza, sexo,  condición social, política o religiosa. Atender personalmente  al ciudadano, escucharlo, resolver sus inquietudes,  recibir y responder los   correos o llamadas telefónicas y  a permanecer  cerca de la comunidad es su cometido estatal; el cual  no se logra encerrados en castillos de cristal como suele suceder,  pues así el Estado y el Derecho, pareciera que hubieran desaparecido de la faz de la tierra.

Con toda razón la encíclica “Fratelli Tutti”  del Papa Francisco, publicada recientemente,   ha tocado este tema de la ausencia de fraternidad en que ha entrado el orbe y la necesidad de volver por los fueros del humanismo y la solidaridad. Hace unos meses verbi gracia, una ex reina de belleza fue censurada por  las redes y replicada por los medios de comunicación  ante su decisión de aislarse en una habitación de un  importante hotel de Bucaramanga, al enterarse de su contagio de Covid-19 a su  regreso del exterior. Creemos lo hizo con el objeto de preservar a sus padres y abuelos  de la pandemia, pero  nuestra sociedad la flageló moralmente, sin haber examinado primero si esa actitud  era una forma de obrar bajo el concepto jurídico del mal menor,  para evitar el contagio  a otros como así sucedió.

La saña con la que se le calificó ha sido echada por tierra con el archivo definitivo de toda acción penal como era obvio,   pues actuó bajo ese principio de cuidar a otros de tan terrible mal. Lo mismo ha pasado con el personal de la salud que ha sido  víctima de censura y exclusiones. Nos hace falta más del criterio de fraternidad y de solidaridad que hoy reclama con total razón el Santo Padre.  Gracias a nuestros lectores del Portal Web   Ruedadifusión.Com y de www.radiosantanderonline.com  por su atención y comentarios. 

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