Un llamado a la cordura

Estamos viviendo un momento de locura colectiva en medio de la pandemia, en donde lo que menos prima es la razón. Muy seguramente todo este comportamiento será estudiado más adelante por especialistas sociólogos y psiquiatras sociales.

No hay duda de la gravedad de los estragos que ha generado la COVID-19. Más de 88.000 familias colombianas han sufrido de cerca la pérdida de un ser querido y probablemente sean 100.000 a finales de junio. En muchísimas oportunidades la comunidad médica advirtió del aumento de los contagios y el posible colapso del sistema hospitalario como resultado de las aglomeraciones por las movilizaciones masivas. Desafortunadamente estamos viviendo el momento que nunca hubiéramos deseado llegara a nuestra región. Cerramos esta semana con ocupación del 100% de las camas hospitalarias y de cuidados intensivos por la gran afluencia de pacientes COVID-19 con síntomas respiratorios y en condiciones críticas. Este panorama es frustrante para quienes desde los hospitales no solo han estado expuestos al contagio, sino que han sufrido la muerte de sus compañeros y colegas, y han trabajado en forma incansable por más de un año para atender la crisis sanitaria. Afrontar el angustioso y desgarrador llamado de cientos de personas que ante la inminencia de la muerte imploran por un espacio para atender a sus seres queridos genera sentimientos de impotencia.

No fue suficiente el gran esfuerzo realizado por el sector hospitalario para aumentar al doble las camas disponibles en cuidados intensivos. El comportamiento de la ciudadanía que se ha volcado a las calles durante el último mes, sin duda ha disparado el número de personas contagiadas y hace insuficiente la oferta de capacidad instalada. Jamás nos imaginamos que adicional a la gravedad de esta pandemia, que fue ignorada y negada por algunos sectores, se agregaran y privilegiaran intereses políticos. Es claro el derecho a la protesta, lo que no tiene presentación es el desprecio a la vida con la insistencia en mantener en las calles a la población para presionar una negociación con el Gobierno. La expresión del suicido de la razón, que se acuñó para explicar las causas del horror de la Segunda Guerra Mundial que mató a 50 millones de seres humanos, refleja cómo en una confrontación fratricida que destruyó a Europa, los egos y deseos de poder primaron sobre la preservación de la vida. Dadas las condiciones actuales, podemos aplicar este mismo concepto a lo que ocurre actualmente en nuestro país. Hago un llamado a la cordura a los promotores de las manifestaciones. Es evidente la injusticia social y desigualdad que existe en Colombia, pero este descontento debe reflejarse en las urnas, donde los diferentes enfoques políticos plantean sus estrategias para enfrentar la situación. Hoy es inhumano promover la exposición de los manifestantes a un virus mortal y no adquirir un compromiso por cortar las cadenas de contagios.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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