El origen del grupo y su nombre
«Los Luceros de Oiba» se conformó como grupo de música y danza en 1972 para participar en el primer y único Concurso de Polímeros Colombianos que ganaron en octubre de ese año, luego de varias fases de eliminatorias en la que compitieron 320 agrupaciones en todo el país.
«Fue el único concurso en el que estuvimos», recordó Hernando Ariza.
En los dos años siguientes de ganar el certamen, la empresa que lo organizó invitó a «Los Luceros de Oiba» a una gira nacional que duró dos años.
Después, siguieron presentándose en los eventos en los que eran invitados y grabaron cinco discos larga duración (LP) y siete discos compactos (CD), inspirados en el amor; los pueblos, costumbres y personajes de Santander, la naturaleza y la picaresca criolla, como «El Mojicón».
Incluyen temas de autoría de Orlando Mateus, Alfonso Cubillos Molano, Hernando Ariza Cristancho y Luis Felipe Leguizamón.
Entre las interpretaciones de «Los Luceros de Oiba», que los volvieron inmortales, están «Bella estrella», de Leguizamón y que forma parte del álbum Luminarias de la Música Colombiana, y «Amor para ser amor», de Francisco Durán Naranjo.
(Escúchelas aquí):
Fue a Luis Felipe Leguizamón a quien se le iluminó la idea de darle nombre a la naciente agrupación en 1972 cuando se preparaban para el Concurso de Polímeros Colombianos y recorrían pueblos de la provincia Comunera dando serenatas.
«Alguna noche de ese año nos sentamos en el parque de Contratación tras una serenata. La noche estaba muy estrellada y Luis Felipe dijo: ‘nosotros salimos de noche y debemos llamarnos Los Luceros’. Después, cuando la prensa se refería a nosotros decía: Los Luceros de Oiba, y así nos quedamos», recordó Hernando Ariza.
Pero como dato curioso, de sus doce integrantes, el único oibano es Alfonso Cubillos. Los demás habían nacido en Bucaramanga, Contratación, El Guacamayo, Guadalupe, Socorro, el corregimiento de Olival (Suaita) y Vélez.
Sobre el rol del sacerdote Néstor Jesús Aponte Zambrano en la agrupación musical, evocó que además de director era el mecenas, manager y conductor.
«El padre era el rector de la Escuela Industrial de Oiba y párroco de Olival. Todos los días, a las 5:00 de la tarde, salía del colegio en su campero y recogía a los integrantes que estaban en Oiba, (entre ellas Francelina Reyes y Lilia Chinchilla, que eran profesoras de esa institución). Nos reunía a todos en la casa cural de Olival».
Pero antes que ponerlos a rezar el rosario o hacer turno ante el confesionario, los alentaba a hacer sonar tiples y guitarras, zambomba, pandereta y muelas de asno, templar las voces y, en el caso de las mujeres, a danzar en ritmos andinos colombianos.
Pero una vez ganaron la eliminatoria departamental para el concurso, la Alcaldía de Oiba autorizó a que continuaran su preparación en la Casa de la Cultura del Municipio.
De esos doce apóstoles comuneros, el grupo se redujo a cuatro en los siguientes años.
«La agrupación empezó a disgregarse cuando las bailarinas se iban casando y se fueron muriendo algunos de sus fundadores».
Al final quedaron Alfonso Cubillos, en la voz y guitarra; Hernando Ariza, en la voz y el tiple; Luis Felipe Leguizamón, en el requinto; y Orlando Mateus, en el tiple.
«Los Luceros de Oiba» se apagaron en 1991 tras la enfermedad y muerte de Luis Felipe Leguizamón (1992) y de Orlando Mateus (2014), ambos de Contratación.

En la fotografía adjunta aparecen, de izquierda a derecha:
Atrás:
* Alfonso Cubillos Molano, compositor, voz y guitarra.
* Hernando Ariza Cristancho, compositor, voz y tiple.
* Luis Ariza, (q. e. p. d.), zambomba.
* Luis Felipe Leguizamón, (q. e. p. d.), compositor y requinto.
* Orlando Mateus, (q. e. p. d. ), compositor y tiple segundo.
* Pbro. Néstor Jesús Aponte Zambrano, director.
Adelante:
* Martha Ariza, primera voz e intérprete del chucho.
* Gloria Chinchilla Cuevas, danzarina e intérprete del quiribillo.
* Mariela Rodríguez, segunda voz femenina e intérprete de la quijada de asno.
* Lilia Chinchilla Cuevas, danzarina.
* Francelina Reyes, primera voz femenina e intérprete de la pandereta.
* Adriano Sarmiento (q. e. p. d.), flauta.
Fotos: Suministradas