En la intimidad de la oración podemos ser nosotros mismos. De igual forma, recuerde que el hecho de orar no es tanto para contar cosas que Dios no sepa, sino para pedir su sagrada bendición.

Nuestros abuelos nos decían que conversar con Dios de rodillas era una señal de humildad y, sobre todo, una prueba fehaciente de que podíamos reconocer nuestras faltas.

Según ellos, con ese modo de oración Dios nos responde con su grandeza infinita y toca nuestra alma. Y es que en esa intimidad nos recogemos en el silencio y experimentamos la presencia y la acción divina en nuestro espíritu.

La oración debe ser una conexión real y personal entre Jesús y nosotros, en la cual reconocemos lo que Él significa para nosotros.

Cuando estamos postrados ante el Santísimo, no sólo le demostramos reverencia, devoción y respeto; también le decimos que tenemos nuestros corazones abiertos y que anhelamos su bendición y su misericordia.

Al inclinarnos ante Él, dejamos claro que estamos dispuestos a escuchar su voz y a seguir sus designios, confiando en su sabiduría para guiarnos por el camino de la vida.

¡La Santa Cruz!¡La Santa Cruz!

De igual forma, de rodillas nos despojamos de todo orgullo, vanidad, pereza y egoísmo, y también permitimos que la venia celestial ilumine nuestro ser y purifique nuestros entornos e intenciones.

Si flexionamos nuestras rodillas en oración, nos unimos en espíritu con todos aquellos que han buscado consuelo y fortaleza en la presencia de Dios.

Lo mejor es que con ese gesto encontramos la fuerza para enfrentar los desafíos de la vida con fe, sabiendo que en la humildad y en la entrega se encuentra la clave para experimentar la plenitud del amor del Altísimo.

Estar de rodillas ante el Creador hace que después, al levantarnos, podamos estar de pie ante cualquier circunstancia.

Sea cual sea nuestra situación, pongamos toda la confianza en Dios. Pidámosle que se lleve la ansiedad, el temor y los sentimientos de frustración.

Acercarse a Jesús

Dios le brinda su mano.Dios le brinda su mano.

¿Qué tanta devoción le profesa al Señor? ¿Cuán estrechos son los lazos que unen su corazón con lo divino? ¡Si quiere estar unido a Él, ore con fervor!

Quienes se han acercado al Creador y le han abierto su corazón, han resaltado el poder de la oración y aseguran que las palabras elevadas al cielo poseen un eco más profundo que cualquier otra forma de comunicación.

La conexión con lo divino trasciende las barreras de la razón, manifestándose en la energía pura y transformadora que emana de cada ser humano.

Recuerde que en cada latido, en cada pensamiento elevado y en cada oración sincera palpita la presencia de lo sagrado, recordándole que, en la unión con Dios, se descubre la verdadera esencia de la vida.

Cada momento de oración de rodillas es un recordatorio de su disposición a Dios y de su confianza en su espíritu. Al terminar de leer este texto, le propongo hacer la siguiente oración: Señor, enséñeme que puedo soñar con la mente despierta y con los pies en la tierra. Necesito valor para entender que mis angustias no son las más graves del mundo y que puedo enfrentarlas; y que por más duras que sean mis pruebas, jamás me debo anclar en la bahía de la tristeza. ¡Qué mis súplicas sean escuchadas y mis cargas aliviadas! Amén.

BREVES REFLEXIONES

Debemos ser transparentesDebemos ser transparentes

Algunos prefieren ver la mentira disfrazada que apreciar la verdad al desnudo. ¿Saben algo? Siempre será mejor estrellarse con la realidad, que aterrizar suavemente en algo falso. Ojo; en Proverbios 12:22 se lee lo siguiente: ‘La mentira es abominación a Dios, mientras que la verdad alegra su corazón’.

Somos ricos cuando tenemos salud; lo demás es lujo. Sí, lo más importante es que usted pueda gozar, disponer y disfrutar normalmente de todas sus funciones, sin necesidad de tener al lado a un enfermero o un médico. Por eso, antes que averiguar cómo ganar dinero, procure cuidar su cuerpo y su mente.

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. Y la verdad es que en las grandes cosas los hombres se muestran como les conviene proyectarse; y en las pequeñas sí se ven como son de verdad. No nos dejemos engañar por lo que se ve por fuera, mejor escudriñemos qué hay detrás de cada foto.

¡CUÉNTEME SU CASO!

 

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