Hay alarma por la propagación de la enfermedad en el Departamento.
La situación del dengue en Santander se torna cada vez más preocupante. En lo corrido del año, 8.133 personas han contraído el virus y cinco han perdido la vida, lo que equivale a 34 nuevos casos diarios en el departamento.
Las cifras fueron entregadas por las autoridades seccionales de Salud, al tiempo que advirtieron la importancia de apostarle a la prevención.
Aún más alarmante es que el 36 % de los pacientes presenta signos de alerta, lo que incrementa la presión sobre la red hospitalaria y representa un riesgo financiero para el sistema de salud.
El mosquito Aedes aegypti, transmisor de la enfermedad, ha convertido al dengue en una amenaza creciente que afecta de manera directa a la población.
La vulnerabilidad es especialmente alta en niños y adolescentes: el 56 % de los contagios en 2025 corresponde a menores de 18 años.
El dengue, enfermedad cíclica
Los expertos recuerdan que el dengue es una enfermedad cíclica, con picos epidémicos cada tres a cinco años, y advierten que en algunos municipios de la región, así como en barrios del área metropolitana de Bucaramanga, persisten los casos graves, hospitalizaciones y muertes asociadas al virus.
Los síntomas van desde fiebre y dolor en los ojos, músculos, la cabeza y huesos, hasta complicaciones más graves, como el dengue hemorrágico; incluso puede llevar al paciente a la muerte.
Por ello es crucial identificar los síntomas de manera oportuna, ya que una intervención temprana puede marcar la diferencia en la recuperación de los pacientes y así evitar complicaciones graves.
De acuerdo con la Secretaría de Salud de Santander, para contrarrestar este incremento, desde el equipo de Enfermedades de Transmisión Vectorial (ETV) se han realizado actividades de inspección, vigilancia y control a varios establecimientos e instituciones educativas.
La prevención se vuelve cada vez más relevante para frenar la propagación de la enfermedad. Tener conciencia de lo que sucede es esencial para combatir el brote y evitar que se expanda más en la región.
Acciones como lavar y cepillar tanques y albercas cada ocho días; cambiar en lo posible la forma diaria o máximo cada semana, el agua de los bebederos de animales y de los floreros; tapar los recipientes que contengan agua; y disponer adecuadamente la basura acumulada en patios y áreas al aire libre, son claves en la lucha contra esta peligrosa enfermedad.