Las fallas mecánicas y la evasión de este proceso ponen en riesgo la seguridad vial en Bucaramanga.
Durante lo que va del año, las autoridades ambientales y de Tránsito del área metropolitana de Bucaramanga han encontrado a 3.560 conductores circulando sin el certificado de revisión técnico-mecánica que certifica el control de emisiones de gas de sus automotores.
Aunque la cifra ya resulta preocupante, voceros institucionales señalan que podría ser mucho mayor, pues los operativos de control no se realizan todos los días.
Y dado el crecimiento del transporte informal, se presume que hay más vehículos contaminantes circulando por los cuatro municipios del área.
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El contexto regional indica que al menos 480.000 vehículos que se movilizan a diario por las vías del área metropolitana deben cumplir con esta revisión periódica. Sin embargo, la falta de controles constantes y la cultura de evadir la norma han permitido que miles de automotores circulen sin garantizar condiciones mínimas de seguridad ni verificar el nivel de contaminación que generan.
La situación fue advertida por la autoridad de tránsito local y respaldada por los Centros de Diagnóstico Automotor, desde donde se señala que la evasión de este proceso se ha vuelto una práctica común y peligrosa. Las instituciones coinciden en que el incumplimiento representa un riesgo directo para los usuarios de la vía y un impacto considerable en la calidad del aire del área.
De acuerdo con las estadísticas suministradas por el centro de diagnóstico de la autoridad de Tránsito, cerca del 20 % de los vehículos que sí acuden a la inspección son rechazados debido a fallas mecánicas relevantes. Estos datos, afirman los técnicos, evidencian que una parte importante del parque automotor está circulando en condiciones deficientes. Las motos y los buses de transporte convencional encabezan los reportes de mayor contaminación.
No obstante, en el caso de las motocicletas, las autoridades aclaran que muchas de las que presentan fallas pertenecen a conductores que realizan transporte informal, actividad que incrementa el desgaste de los vehículos y reduce la frecuencia de mantenimiento adecuado.
El panorama, según los organismos de control, muestra que el estado técnico de buena parte de los automotores es frágil y que la falta de revisiones oportunas está generando efectos visibles en la movilidad y en la seguridad vial. Advierten, además, que la huella contaminante se incrementa cuando los sistemas de combustión funcionan de manera deficiente.
Las instituciones responsables insisten en la necesidad de fortalecer los operativos, promover la revisión técnico-mecánica como una práctica preventiva y visibilizar el impacto que genera su incumplimiento. Aseguran que cumplir con este requisito no solo es una obligación legal, sino una acción fundamental para proteger la vida en las vías y mejorar la calidad del aire.

Conducir un vehículo que no cumple con las condiciones técnico-mecánicas es peligroso porque aumenta significativamente el riesgo de fallas repentinas en elementos esenciales como frenos, dirección, llantas o sistema eléctrico, lo que puede provocar accidentes graves tanto para quienes van dentro del vehículo como para otros en la vía.
Además, un automotor en mal estado suele generar emisiones contaminantes más altas y su falta de mantenimiento puede impedir una reacción adecuada en situaciones de emergencia. En conjunto, todo esto convierte la conducción en una actividad insegura y potencialmente mortal.