El parque del barrio Girardot, al occidente de Bucaramanga, ya no es solo un punto de encuentro: se ha convertido en el reflejo de un drama cotidiano que golpea a sus vecinos. Entre juegos infantiles, bancas deterioradas y senderos descuidados, la comunidad denuncia una realidad marcada por el consumo de drogas alucinógenas y la presencia de habitantes en situación de calle.
Las alertas que surgen desde Girardot no son aisladas. Situaciones similares se repiten en parques como el de Los Niños, Las Tres B, La Joya, La Vida, San Pío y varios escenarios de Ciudad Norte, donde el deterioro del espacio público preocupa a residentes que ven cómo estos lugares pierden su vocación familiar.
El triste panorama del parque Girardot contrasta con el empuje de una comunidad trabajadora que se resiste a perder su espacio. Vecinos, comerciantes y líderes barriales insisten en que el fenómeno del consumo de sustancias alucinógenas está desbordado.
Mientras niños juegan y corren por las canchas del parque principal, algunas personas consumen estupefacientes en bancas y rincones del escenario. La escena se repite a plena luz del día, sin distinción de horarios ni presencia institucional constante.
Las charlas tranquilas y las partidas de naipe de los adultos mayores suelen verse interrumpidas por personas que piden dinero de forma insistente. El ambiente de recreación y descanso se diluye ante la sensación de inseguridad que expresan quienes habitan el sector.
A esto se suman desórdenes en los residuos, presencia de excrementos, hurtos y altercados con vecinos, situaciones que han sido alertadas reiteradamente por los habitantes de Girardot, quienes reclaman mayor acompañamiento y atención por parte del Municipio.
“Cada día llegan más consumidores de drogas al sector. La problemática se nos está ‘saliendo de las manos’ a los vecinos. Además del desaseo que generan, también sufrimos problemas por hurtos”, manifestó Jorge Leonardo León Flórez, edil de la Comuna 4 de Bucaramanga.
Durante un recorrido realizado por el sector se evidenciaron varias problemáticas asociadas a este fenómeno. Una de las más preocupantes es que menores de edad que se dirigen al colegio deben transitar por calles donde algunos sujetos realizan sus necesidades fisiológicas.
De igual forma, se constató que espacios destinados al esparcimiento y la recreación de los vecinos son ocupados, tanto de día como de noche, por personas que consumen sustancias psicoactivas, afectando el uso seguro del espacio público.
De manera adicional, inquietan los frecuentes desórdenes de residuos en esquinas y senderos peatonales, así como los impactos negativos en la convivencia, la salud pública y la percepción de seguridad del barrio.
El primer decreto

En este contexto, y al igual que lo hizo su antecesor, el exalcalde Jaime Andrés Beltrán Martínez, el nuevo mandatario de los bumangueses, Cristian Fernando Portilla, anunció la próxima expedición de un decreto orientado a regular el consumo de drogas en espacios públicos sensibles de la ciudad.
El decreto establecerá que los consumidores no podrán hacerlo dentro de parques, centros educativos, centros deportivos y zonas históricas de interés cultural, fijando un perímetro inferior a 60 metros en el que se prohíbe el consumo, porte y distribución de sustancias alucinógenas, así como el consumo de licores. En los casos de distribución, la Fiscalía será la encargada de actuar.
La medida contará con el acompañamiento de la Policía Nacional, la Fiscalía, Migración Colombia, la Secretaría del Interior, la Secretaría de Salud y Ambiente y la Gestora Social del Municipio, y deberá complementarse con la conformación de guardaparques, una estrategia articulada con la empresa privada que busca recuperar estos escenarios para la convivencia y la vida comunitaria.