La victoria de Imane Khelif en los Juegos Olímpicos de París desató una intensa controversia sobre la participación de atletas trans en competiciones femeninas. Aunque Khelif no es una mujer trans, tan solo el pensamiento de que podría serlo reavivó el debate sobre transfobia y racismo en el deporte.
Hay desde esta semana una gran controversia en el boxeo femenino, un debate que, lamentablemente, ha incluido varios casos de transfobia y racismo. Todo comenzó luego del enfrentamiento de la boxeadora argelina Imane Khelif en los Juegos Olímpicos de París. Khelif, que necesitó solo 46 segundos para asegurar su lugar en los cuartos de final de la categoría de hasta 66 kilogramos, se enfrentó a la italiana Angela Carini, quien se retiró después de recibir dos golpes. Carini, visiblemente afectada, rechazó el saludo de Khelif y más tarde declaró: “Para mí, esto no es una derrota. Soy una mujer madura. El ring es mi vida. Siempre he actuado de manera muy instintiva. Y si siento que algo no está bien, no significa que me rinda. Se trata de tener la madurez para parar. Se trata de tener la madurez para decir: ‘Está bien, es suficiente’”.
¿Y cuál fue el problema más allá de que una deportista haya sido vencida rápidamente en unos juegos olímpicos? El problema, para muchos, fue la apariencia de Imane Khelif, que se sale de los estereotipos de género reconocidos para las mujeres.
La participación de Khelif en los Juegos de París ya había sido precedida por una controversia significativa. En el Campeonato Mundial de Nueva Delhi en marzo de 2023, Khelif fue descalificada de la final por una prueba de ADN, debido a la norma de la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) que prohíbe la participación de personas con cromosomas XY en competiciones femeninas.
A pesar de la controversia, el Comité Olímpico Internacional (COI) permitió la participación de Khelif en los Juegos Olímpicos de París, afirmando que cumplían con todos los requisitos de participación y elegibilidad. Mark Adams, portavoz del COI, defendió la inclusión, afirmando: “Se trata de personas, estamos hablando de la vida de las personas. Han competido en torneos femeninos, han ganado y perdido contra mujeres a lo largo de los años”.
El debate sobre la participación de Khelif, sobre su fuerza como para vencer a una rival en pocos minutos, pero, sobretodo, sobre su apariencia, reavivó las discusiones sobre la transfobia y el racismo en el deporte.
Juliana Martínez, Ph.D, Profesora de Género y Sexualidad, y Estratega de Narrativa y de Acompañamiento, Nebula Fund, habló con Vanguardia y explicó que “La reciente controversia no solo refleja la transfobia que afecta a las personas trans, sino que también revela cómo esta transfobia se extiende a las mujeres cis. Esto es parte de una larga historia de vigilancia y control sobre quién cuenta y quién no como mujer en la sociedad. Históricamente, los Juegos Olímpicos han sido un escenario para la vigilancia extrema del cuerpo femenino, desde las pruebas de desnudez durante la Guerra Fría hasta las actuales controversias sobre el género”.
Martínez subrayó que la preocupación actual por la participación de personas trans en competiciones femeninas sigue una narrativa histórica. “En la Guerra Fría, se exigió a las mujeres que se desnudaran para verificar su sexo debido al temor de que atletas rusos se hicieran pasar por mujeres para ganar competiciones. Hoy en día, aunque la amenaza percibida ha cambiado, el principio subyacente de vigilancia y control del cuerpo femenino sigue presente, dirigido ahora hacia las personas trans. La percepción de que las mujeres pueden ser ‘usurpadas’ por hombres sigue siendo una constante en el discurso deportivo”.
Karen Estefanni Pérez Álvarez, profesora de la Clincia jurídica Carlos Gaviria Díaz en la línea estratégica de género de la Escuela de Derecho y Ciencia Política UIS, también ofreció su perspectiva sobre la controversia. “El debate sobre la identidad de género en el deporte no debería centrarse exclusivamente en si una persona es transgénero o no. Deberíamos evaluar la equidad de la competición considerando una gama más amplia de factores, explicó.
Pérez también cuestionó los argumentos biológicos simplistas que se presentan en este debate. “Algunos argumentan que las mujeres con cromosomas XX deben competir solo contra otras con el mismo perfil, mientras que quienes tienen cromosomas XY no deberían competir con ellas. Este tipo de argumentos no solo son reductivos, sino que también excluyen y discriminan a las personas trans. La identidad de género y el sexo son complejos y no se pueden reducir a una simple binariedad cromosómica”.

La controversia también pone de relieve la dinámica de racismo en el deporte. “La percepción de las mujeres blancas como víctimas y las mujeres no blancas como agresoras es una manifestación de dinámicas racistas que continúan en la sociedad. Las críticas a las deportistas trans tienden a intensificarse especialmente cuando tienen éxito y vencen a mujeres blancas, lo que revela un sesgo racial subyacente”, señaló Pérez.
Martínez coincidió en que el debate actual está influenciado por el racismo y la exclusión de mujeres racializadas. “Es importante destacar que la atleta implicada, Imane Khelif, es una mujer racializada. La discusión en torno a su participación es un ejemplo de cómo las narrativas sobre género y raza se entrelazan en la sociedad. Los debates sobre la equidad en el deporte deben abordar estas cuestiones de manera más integral, reconociendo la diversidad de experiencias y la necesidad de igualdad de condiciones para todos los atletas”.
Ambas expertas coincidieron en que sería más productivo abordar problemas reales y urgentes en el deporte femenino, como el acoso y abuso sexual, la falta de financiamiento, y la escasa visibilidad de los deportes femeninos. “El acoso y abuso sexual en el deporte femenino es un problema grave que requiere atención. Además, la falta de financiamiento y la escasa visibilidad de los deportes femeninos son cuestiones que afectan directamente a las atletas. Abordar estos problemas tendría un impacto real y positivo en el ámbito deportivo”, concluyó Martínez.
Pérez también destacó la necesidad de una reflexión más profunda sobre cómo definimos y regulamos la equidad en el deporte. “El verdadero desafío es enfrentar las dinámicas de transfobia y racismo de manera constructiva. En lugar de distraernos con debates que perpetúan el sexismo y la discriminación, debemos centrarnos en crear un entorno deportivo más inclusivo y equitativo para todos los atletas, sin importar su identidad de género o raza”.