La capa asfáltica de Bucaramanga está en pésimas condiciones: huecos, grietas y tramos intransitables afectan la movilidad, dañan vehículos y ponen en riesgo a peatones. La ciudadanía exige una intervención urgente.
La primera imagen que recibe a quien transita por la calle 34, entre las carreras 5 y 7 del barrio Alfonso López, es la de un pavimento cuarteado, lleno de hundimientos y grietas que se extienden de lado a lado.
“Esto ya no es una vía, es una trocha urbana”, dice un vecino que lleva más de veinte años viviendo en el sector y que asegura que cada semana aparece un nuevo hueco.
El deterioro, afirma, se ha vuelto tan común que los propios habitantes han tenido que “reinventarse” para no quedar atrapados en el abandono.
La escena se repite en distintos barrios: vecinos que mezclan cemento en carretillas improvisadas, otros que organizan pequeñas brigadas para tapar los huecos con escombros o materiales reciclados, y conductores que maniobran entre ‘cráteres’ que crecen sin descanso.
En Alfonso López, por ejemplo, varios residentes han decidido comprar cemento por su cuenta para resellar tramos críticos, ante lo que consideran una ausencia total de mantenimiento: “No es lo ideal, pero alguien tiene que hacerlo”, comenta otro habitante mientras señala un parche irregular colocado la semana anterior por voluntarios del sector.
El fenómeno no es exclusivo de este barrio. En distintos puntos de Bucaramanga es habitual ver a personas que, a cambio de unas monedas, rellenan huecos con materiales rústicos: tierra, piedras, pedazos de ladrillo o cualquier mezcla que permita al menos mitigar el golpe de cada llanta.
Aunque estos trabajos son rudimentarios y poco duraderos, muchos ciudadanos los ven como un “alivio momentáneo” frente a un problema que, aseguran, crece más rápido que las soluciones oficiales.
La comunidad coincide en que el deterioro de la malla vial no solo afecta la movilidad, sino que también incrementa el riesgo de accidentes y genera costos adicionales en mantenimiento vehicular. Conductores, peatones y comerciantes reclaman mayor atención y una intervención más oportuna. Para muchos, el estado de las vías se ha convertido en un reflejo del desgaste institucional y del cansancio ciudadano ante reparaciones que, consideran, llegan tarde o no llegan.
Al final, mientras los vecinos rellenan huecos por su cuenta, la ciudad convive con una sensación de abandono que se agrava con cada lluvia y cada tramo que se desmorona. La ciudadanía insiste en que no se trata de improvisar soluciones, sino de exigir un mantenimiento planificado, eficiente y sostenido que garantice seguridad y calidad de vida.
La respuesta oficial
Según la secretaria de Infraestructura de Bucaramanga, María del Rosario Torres Vargas, actualmente se ejecuta un contrato por $29.043 millones para el mantenimiento, mejoramiento y rehabilitación de la red vial urbana, con un avance del 78,05 %, que incluye obras en todas las comunas de la ciudad.
El proyecto contempla ‘parcheo’ y rehabilitación en pavimento rígido, construcción de reductores de velocidad avalados por Tránsito y trabajos en barrios como La Concordia, Ciudad Bolívar, Los Naranjos, Real de Minas, Antonia Santos, Provenza, Altos del Cacique y otros.
La funcionaria indicó, además, que se adelantan 19 presupuestos participativos entre 2020 y 2024, así como intervenciones puntuales en sectores críticos como El Porvenir, San Alonso, Pablo Sexto y Alfonso López -incluida la calle 34 denunciada por los vecinos-. También anunció que en la próxima semana se iniciarán actividades en la comuna 2 y continuarán trabajos en la comuna 5. Finalmente, informó que ya se ajusta el proyecto de mejoramiento de la malla vial para 2026, estimado en $16.000 millones.
La comunidad, sin embargo, insiste en que los resultados aún no se sienten en sus calles.