Una joven exmodelo explica el proceso emocional que la llevó a dejar su carrera para dedicarse a una vida de servicio. La historia de una exreina de belleza brasileña ha comenzado a llamar la atención dentro y fuera de su país, no solo por su inesperado rumbo de vida, sino también por el mensaje espiritual que acompaña su relato. Su testimonio, compartido recientemente en medios internacionales, ha generado sorpresa entre quienes siguieron de cerca su trayectoria en el mundo del modelaje.
Un pasado marcado por el brillo y las presiones internas
Kamila Rodrigues Cardoso, nacida en Patos de Minas, se abrió camino desde muy joven en el competitivo circuito de certámenes de belleza. Su talento y presencia en el escenario la llevaron a ganar el título de Miss Continente Teen Sol Nascente, logro con el que comenzó a posicionarse dentro del panorama nacional hasta participar en concursos como Miss Brasil y posteriormente representar a su país en Miss Universo.
Detrás de su imagen pública, sin embargo, convivían luchas personales que no solían ser visibles para el público. Desde la muerte de su padre cuando tenía apenas nueve años, la joven arrastraba episodios de ansiedad y depresión que, con el paso del tiempo, se intensificaron. Aunque creyó que el modelaje podría ayudarla a superar ese dolor, la fama no consiguió llenar los vacíos emocionales que cargaba desde la infancia.
Fue en medio de esa búsqueda interior cuando decidió asistir a una misa, un gesto que no imaginó que cambiaría su vida por completo. Allí, relató, la serenidad de una religiosa despertó en ella una inquietud espiritual que hasta entonces no había explorado.
La decisión que la llevó del modelaje al convento
Según contó en una entrevista con el programa ‘The Noite’, el encuentro con esa monja fue tan impactante que decidió visitar un convento por curiosidad. Esa experiencia terminó convirtiéndose en una revelación que la llevó a abandonar de manera definitiva el camino hacia las pasarelas. Con el tiempo adoptó el nombre de Eva y se integró a la Congregación Sancta Dei Genitrix, dirigida por el sacerdote ortodoxo José Ribamar R. Dias.
Hoy, como hermana Eva, asegura haber encontrado la plenitud que no halló en la vida pública, incluso cuando su belleza —ahora enmarcada por el hábito religioso— continúa llamando la atención en Brasil y en otros países. Aunque ha recibido propuestas de matrimonio, insiste en que su propósito es “ser la esposa de Jesús y vivir una vida consagrada”.
Lejos de los reflectores, dedica su tiempo a labores sociales en comunidades vulnerables, entre ellas la región de Sol Nascente, considerada una de las favelas más grandes del mundo. Desde ese trabajo comunitario, afirma sentirse más útil, más conectada con las personas y, sobre todo, en paz consigo misma.