Lo que parecía ser la solución de conectividad terrestre para los departamentos hermanos de Santander y Norte terminó siendo una carretera de contrastes en la que el sur se quedó con la peor parte. Conozca la historia de abandono estatal, incumplimientos y deudas pendientes.
¿Alguna vez ha tenido que hacer fila cuando un banco se encuentra lleno? ¿La espera lo desespera? ¿Puede avanzar algún puesto en la mencionada fila?
Precisamente, una situación similar les ocurre a los viajeros que se movilizan por la vía entre Bucaramanga y Pamplona. Buses intermunicipales, vehículos de carga y automotores particulares tienen que experimentar insoportables trancones ante la falta de un trazado en doble calzada.
Si usted se moviliza entre estas dos ciudades y no está de suerte, puede encontrarse en el recorrido con un tractocamión cargado que se desplaza a poca velocidad y puede retrasar su viaje por varias horas. Los conductores más osados buscan la manera de adelantar en doble línea, pero corren el riesgo de convertirse en una de las decenas de víctimas mortales que ha cobrado este trazado.
No obstante, entre Pamplona y Cúcuta se desarrolló un proyecto vial imponente, futurista, que nada tiene que envidiarle a las carreteras europeas.
Una vía internacional a medias
La vía entre Bucaramanga y Cúcuta tiene connotación internacional. Comunica al centro del país con la frontera con Venezuela y por allí se transportan alimentos para abastecer plazas de mercado, víveres y pasajeros.
“Sobre este recorrido se encuentra Berlín, la segunda mayor productora de cebolla larga de Colombia. Despachamos este producto para ciudades como Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta y Bucaramanga. Tenemos el sector de Baraya, en donde se produce una de las mejores papas pastusas. Ya en Norte de Santander está Mutiscua, con su amplia variedad de hortalizas y producción de trucha, y Silos, en donde se producen fresas, duraznos y ciruelas”, explicó Emiliano Salazar, guía turístico del corregimiento de Berlín, en Tona.
Pese a la importancia de este corredor vial, allí se ejecutó un fallido contrato de construcción de autopista 4G entre Bucaramanga y Pamplona, que prometía, entre otros, doble calzada, carriles de adelantamiento, obras de estabilización, viaductos y hasta una vía que sacaría el tráfico pesado del área metropolitana de Bucaramanga.
La obra se tasaba por el orden de los $1,4 billones, que se quedaron tan solo en un 11 % de ejecución. El proyecto está en fase de liquidación, pero no se asegura que los recursos que recupere la Nación se reinviertan en Santander.
Para el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Juan Carlos Rincón Liévano, “pasamos de un megaproyecto a un ‘proyectico’. Aunque teníamos una aspiración como región a una vía de más de $1 billón, no se habrán invertido más de $30 mil millones, exclusivamente en mantenimiento. Es 45 veces menos de lo que se pretendía invertir”.
Rincón Liévano dijo que “si algún día estamos esperando que haya una verdadera integración y conectar al vecino país con el centro de Colombia, con una vía como la que tenemos es prácticamente imposible”.
Paquetes de obras en ‘veremos’
El recorrido desde Bucaramanga se inicia metros arriba del barrio Morrorico. Allí, las constantes curvas y la estrechez de la calzada hacen de este un peligroso recorrido.
En el kilómetro 8+529 está uno de los primeros tropiezos de la fallida concesión. Allí se suponía que desembocaría la Conectante C1-C2, que sacaría el tráfico pesado de la autopista a Piedecuesta y lo llevaría hasta la vía a Cúcuta por una zona de gran riqueza natural ubicada en el sector rural de Floridablanca.
Sin embargo, sucedieron tres situaciones: la comunidad denunció que el proyecto no se socializó, tampoco se ejecutó, pero sí se talaron cerca de 5.000 árboles, episodio que se calificó como un ‘ecocidio’.
Entre los kilómetros 8 y 18 se ejecutó un intento de doble calzada. Se construyeron viaductos, se estabilizó el terreno y se ampliaron las calzadas. No obstante, cuando se termina el paso a doble carril, se cae nuevamente en un embudo vial.
Por su parte, pocos kilómetros antes de llegar al cerro del Picacho se dejaron a medias carriles de adelantamiento y obras de estabilización de los taludes, que se convirtieron en parqueaderos a cielo abierto.
Estas obras inconclusas, para transportadores y habitantes de la zona, son factores determinantes en la accidentalidad y los retrasos en los recorridos.
“No sé qué pasa con los recursos. Desde hace 16 años nos están hablando de doble calzada y no vemos que las empresas responsables nos respalden ni nos ayuden”, manifestó Iván Peña, líder del corregimiento de Berlín, Santander.
Por su parte, Orlando Velandia, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Ucatá de Tona, indicó que “cuando llueve, el terreno es muy liso, hay curvas cerradas y la vía es estrecha. Cuando eso pasa, los carros se resbalan y generan accidentes”.
En tal sentido, el veedor de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Carlos Pieschacón, aseguró que “es muy complicado adelantar a otro vehículo. Hay muchas curvas y la mayoría del trazado va en doble línea continua. Quienes se atreven a hacer adelantamientos ponen en riesgo sus vidas”.
Asimismo, la falta de carriles de adelantamiento genera retrasos en el transporte de alimentos y pasajeros, así como también en la dinámica comercial de quienes se benefician de la vía.
Uno de quienes se ve afectado es Simón Rodríguez, propietario de una tienda y productor de fresa y cebolla. “La vía está atrasada, no le hacen mantenimiento. Cuando hay trancones la gente se retrasa en sus recorridos y prefiere no parar a comprar en la tienda. También, cuando sacamos la cosecha de productos, preferimos llevarlos a Cúcuta que a Bucaramanga porque nos demoramos más y la carga se puede echar a perder”, relató el labriego.
Pese a que hacen parte del mismo corredor vial, el trazado entre Pamplona y Cúcuta cambia de manera abismal. En este tramo se construyeron gigantescos viaductos, túneles, se ampliaron las calzadas y se desarrollaron imponentes obras de estabilización para mantener la firmeza del trazado.
La sensación de conducción es agradable y el recorrido de cerca de 75 kilómetros se tarda, en promedio, una hora y media. El avance vial puso a la vanguardia de la infraestructura vial al departamento de Norte de Santander.
“Es evidente el progreso de la vía Pamplona – Cúcuta versus Bucaramanga – Pamplona. Nos enorgullecemos del trabajo adelantado en Norte de Santander, pero queda el reto grande de que el Invías termine los terceros carriles y, a futuro, desarrolle la doble calzada”, señaló el veedor de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Carlos Pieschacón.
Para el caso de la promoción de Santander como destino turístico, Emiliano Salazar, guía turístico del corregimiento de Berlín, en Tona, expresó que si el proyecto vial se hace realidad, “se podría desarrollar un mirador en el corregimiento en el que las personas puedan parar a tomarse una foto y se animen a conocer cómo es la vida de un campesino”.