La depresión afecta al 9 % de la población adulta en el área metropolitana. Sin embargo, este porcentaje podría ser aún mayor, ya que muchas personas no reconocen o no reportan su condición.
Con una intervención quirúrgica sin precedentes en Colombia, el Hospital Internacional de Colombia, HIC, dio un paso significativo en el tratamiento de la depresión.
Lorena Rodríguez, una mujer boyacense de 44 años que ha vivido casi dos décadas bajo el peso de un trastorno mixto de ansiedad y depresión, fue sometida con éxito a una cirugía de estimulación cerebral profunda (DBS, por sus siglas en inglés), convirtiéndose en la primera paciente del país en recibir cuatro electrodos implantados en su cerebro.
La historia clínica de Lorena es compleja: después de 17 años de intentos fallidos con antidepresivos, psicoterapias y tratamientos no invasivos, sufrió una recaída severa que la dejó incapacitada y al borde de la desesperanza.
De la mano del neurocirujano William Omar Contreras y la experiencia del HIC, viajó desde Madrid hasta Bucaramanga para someterse a una cirugía que prometía cambiar su vida.
El procedimiento, que implicó años de evaluación médica y la participación de un equipo multidisciplinario -compuesto por neurólogos, psiquiatras, neuropsicólogos, epidemiólogos y electrofisiólogos-, fue diseñado para atender las particularidades del caso de Lorena.
La técnica consistió en implantar cuatro electrodos en distintas regiones del cerebro, conectados a un neuroestimulador subcutáneo que envía impulsos eléctricos de forma continua. El dispositivo, similar a un marcapasos, regula las funciones cerebrales afectadas por la depresión. Gracias a su tecnología recargable, Lorena puede alimentar el sistema desde su casa cada tres días, prolongando su utilidad hasta por 25 años.

“Es como si encendiéramos las luces en barrios clave del cerebro”, explicó el doctor Contreras. “La estimulación cerebral profunda permite intervenir los circuitos neuronales alterados cuando los tratamientos tradicionales no funcionan. No se trata de aplicar un protocolo estándar, sino de diseñar una terapia basada en la conectómica, es decir, en el mapa de conexiones cerebrales específico de cada paciente”.
Durante la cirugía, que duró seis horas, Lorena permaneció despierta para que los especialistas pudieran calibrar los impulsos eléctricos en tiempo real. Esta precisión permitió maximizar los efectos terapéuticos y minimizar riesgos, en una intervención considerada de alta complejidad pero con prometedores resultados en salud mental.
Lorena ya muestra avances: ha recuperado la motivación, el deseo de aprender, de trabajar y hasta de enamorarse. Aunque el máximo beneficio de la cirugía se alcanza a largo plazo, el equipo médico celebra estas señales de mejoría.
Se estima que más de 350 mil personas podrían beneficiarse de la DBS en el mundo. Sin embargo, apenas 400 han accedido a esta cirugía, lo que convierte el caso de Lorena en un hito no solo para Colombia, sino también para la medicina en América Latina.