Mientras enfrentan enfermedades y largas estancias hospitalarias, decenas de niños, niñas y adolescentes en Santander encuentran en las Aulas Hospitalarias una alternativa para continuar sus estudios, jugar y mantener sus rutinas.

“Tengo cita con el doctor, me toca irme”, dice uno de los niños, mientras recoge apurado sus juguetes, con los que lleva divirtiéndose un buen rato. No tiene más de cinco años.

Deja los rompecabezas en una mesa y se dispone a despedirse de las profesoras para salir con su mamá de las Aulas Hospitalarias y dirigirse a un control médico. Lo hace sin un ápice de tristeza. Camina feliz y promete que vendrá mañana.

Risas y alegría se perciben en el piso 9 del edificio de urgencias del Hospital Internacional de Colombia. Los juegos y las voces de niños y niñas llaman la atención en medio del movimiento de pacientes, camillas y personal médico que circula por el resto del edificio, mientras los médicos intentan salvar tantas vidas como sea posible.

En este piso, sin embargo, parece que todo se detiene. Al final del pasillo, al cruzar la puerta del salón, se ingresa a un espacio diferente. Los niños se mueven con sueros conectados a sus brazos, con portasueros o en sillas de ruedas, sin que estos elementos sean un impedimento; ni siquiera los notan. Por unas horas al día, dejan de ser pacientes y se dedican a divertirse.

Se trata de las Aulas Hospitalarias, un espacio para el encuentro de niños, niñas y adolescentes que tienen que pasar periodos cortos o largas estancias de hospitalización a causa de sus enfermedades y que encuentran allí un lugar donde pueden seguir disfrutando su niñez con actividades pedagógicas, de enseñanza y de bienestar emocional.

Así es la realidad de muchos niños en Santander. La enfermedad tocó sus puertas a muy temprana edad y, sin proponérselo, la enfrentaron con la entereza y la valentía propias de la niñez.

Con la enfermedad, la vida cambia tanto a los niños y niñas como a sus padres, que tienen que dejar obligaciones a un lado para cambiar horarios de oficina por largas filas recogiendo medicamentos, horas al teléfono pidiendo citas y largas esperas en hospitales. En medio de estos procesos, también está el reto de mantener sus tiempos de juego y sus horas de estudio.

Pero no tienen por qué abandonarlo todo. Aún es posible que, mientras transitan su enfermedad, puedan recuperar el tiempo de juego y estudio. Eso es lo que se busca en las Aulas Hospitalarias.

Recuperar la alegría

“El año pasado la ciencia nos dijo que ya no podíamos hacer nada por él. Tenía fuertes restricciones por parte del cardiólogo, entonces, a pesar de que a él le gusta mucho estudiar y aprender, decidimos retirarlo del colegio”, relata Jairo Antonio Sandoval sobre el proceso que ha vivido con su hijo Luis Alejandro Sandoval.

En 2025, los padres de Luis Alejandro decidieron, por motivos de salud y pensando que tendría pocos meses de vida, sacarlo de estudiar. Pero entonces conocieron el programa de Aulas Hospitalarias y, con ello, el adolescente pudo recuperar parte de sus rutinas.

“Me ayudaron a que recuperara el séptimo grado y ya está cursando octavo grado”, dice Jairo. Desde que se vinculó al programa, la salud de Alejandro empezó a mejorar nuevamente.

“Él es un niño con muchas cosas en mente, ganas de hacer muchas cosas y, gracias a las Aulas, dejó esa frustración. Ha sido un apoyo muy grande para el desarrollo personal de él”, manifiesta su papá.

El joven de 15 años fue diagnosticado desde su nacimiento con una tetralogía de Fallot, una cardiopatía que altera la estructura del corazón y reduce la cantidad de oxígeno en la sangre. Con este padecimiento, ‘Luisito’, como le dicen de cariño, ha tenido que pasar por cinco cirugías de corazón abierto, la primera de ellas apenas con trece días de nacido, más de 15 cateterismos y tratamientos médicos cada tres meses.

Así ha transcurrido su vida, entre tratamientos y clínicas. A pesar de ello, Luis nunca ha perdido su entusiasmo por vivir. “Como familia, nosotros hemos tomado el aprendizaje de nuestro hijo, que, a pesar de la adversidad, le preguntan cómo está y él siempre está bien. Uno, a veces, por estados de ánimo, se siente mal, pero él nos ha ayudado a crecer como personas y nos sentimos orgullosos de él”, cuenta su padre.

No solo estudia. Ahora es uno de los mejores de su clase. Sus padres cuentan que, mientras atiende las clases en línea con su colegio y va a citas médicas y procedimientos, pasa largas jornadas en casa haciendo tareas, investigando, llenando guías de estudio e incluso haciendo videos para presentar en clase virtual.

“Siento que el programa es muy bueno. Yo me conecto y sigo los pasos que me dicen los profesores y me ha ido muy bien. Ha sido una buena experiencia y siento que he aprendido mucho”, relata el adolescente Luis Alejandro.

Esta iniciativa hace parte de un modelo nacional de educación flexible regulado por el Ministerio de Educación, que busca garantizar el acceso a la educación de los estudiantes que, por sus condiciones de salud, no pueden asistir de manera habitual a las aulas tradicionales.

Las aulas que llegan hasta los niños

“Si los niños no pueden ir a la escuela, la escuela viene a los niños. Ese es el espíritu de Aulas Hospitalarias, uno de los programas que tenemos en la Alcaldía de Floridablanca, donde garantizamos el derecho a la educación”, explica el secretario de Educación de Floridablanca, Diego Fernando Jaimes Porras.

El funcionario enfatiza que, desde la Secretaría, se direccionan los estudiantes al Instituto Comunitario Minca, institución educativa oficial, donde hay inscritos a la fecha 40 niños, niñas y adolescentes.

“Además, 72 niños siguen matriculados en sus colegios porque vienen de otros municipios y seguimos ese proceso pedagógico de acompañamiento”, expresa el funcionario de la Alcaldía de Floridablanca.

Para Andrea Lizet Méndez Torres, profesional de las Aulas Hospitalarias del HIC, este es un programa de acompañamiento durante la estancia hospitalaria. “Desde el Hospital brindamos el apoyo pedagógico a niños que se encuentran afrontando enfermedades como huérfanas u oncológicas”, relata.

La profesional destaca que este programa nace de un convenio entre la Fundación Cardiovascular y la Alcaldía de Floridablanca para mantener en el sistema educativo a los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en tratamientos.

Pero las Aulas Hospitalarias no solo funcionan en el piso 9 del HIC. También hay otra sede en la Fundación Cardiovascular y es posible participar del programa desde casa, asistiendo a clases virtuales y hasta clases híbridas.

De esta manera, llegan también niños y niñas de diferentes partes del país, de la Costa, Bogotá y Medellín. Con el Hospital Internacional de Colombia y la Secretaría de Educación de Floridablanca, se realizan los enlaces necesarios para garantizar la continuidad de su derecho a la educación.

“En ese acompañamiento, lo ideal es que ellos tengan acceso a diferentes actividades, dinámicas, talleres manuales, artesanías, reciclaje, entre otros”, expresa Méndez. Para la profesional de Aulas, este programa les permite apoyar la estrategia de afrontamiento frente a las enfermedades que padecen y, además, generar adherencia a los tratamientos, impactando así no solo su bienestar emocional, sino también físico.

Juan Diego encontró aquí una segunda familia

Juan Diego lleva ya tres años integrando el programa de Aulas Hospitalarias. Tiene una enfermedad degenerativa de distrofia muscular conocida como Duchenne y, por lo tanto, con el paso del tiempo ha ido perdiendo movilidad en su cuerpo.

“El programa ha sido de alto impacto en la condición de mi hijo. Él ya no puede caminar y hemos encontrado en el programa la posibilidad de que él pueda cursar sus estudios en un colegio donde, desde los profesores hasta el rector, tienen alta empatía con su proceso”, manifiesta Diana Fabiola Villamizar, mamá del niño.

Juan Diego va dos días de manera presencial al colegio y, los demás, se conecta y hace actividades virtuales desde casa. “Hay un respeto y un manejo de sus compañeros para ayudarle en este proceso. Él se siente realmente feliz con sus compañeritos y su estudio en Aulas”, cuenta su mamá.

Nunca es tarde para empezar

En las Aulas Hospitalarias, Juan Diego también encontró otro amigo, Daniel Josué Alvarado, quien, como él, comparte una condición médica relacionada con una enfermedad huérfana. Su madre, Johanna Gallego Rojas, cuenta que el programa llegó en el momento en que más lo necesitaba.

Daniel Josué no había podido estudiar. “Tuvimos barreras en el tema de inclusión”, advierte. Intentó llevarlo a estudiar durante un año, pero tenía que acompañarlo la jornada completa porque no había tutor en esa institución. Esto también afectaba el tiempo que podía dedicarle a su hijo más pequeño.

Ante esa situación, renunció a la idea de llevarlo a estudiar de manera presencial y, por las dificultades de su condición médica, decidió que no estudiara más mientras ella lo cuidaba en casa. Ahí fue donde conoció el programa de Aulas Hospitalarias.

Así fue como, a sus nueve años, Daniel Josué empezó a estudiar. Hoy ya va en segundo grado. “Apareció la profe de Aulas y nos ayudó a que el niño pudiera ingresar al colegio. Ya lleva dos años en el programa y es espectacular porque es un niño muy alegre. Ha compaginado muy bien con los compañeros”, cuenta.

Las historias de Luis Alejandro, Juan Diego y Daniel Josué muestran distintas circunstancias de niños y adolescentes que han tenido que enfrentar dificultades para continuar con su educación.

En el piso 9 del Hospital Internacional de Colombia, entre juegos, actividades y voces infantiles, los niños encuentran un espacio para compartir y aprender. Allí, por unas horas, las citas médicas, los procedimientos y los tratamientos no son lo único que ocupan su día.

Uno de ellos tendrá que volver mañana. Por ahora, recoge sus juguetes, se despide de las profes y sale con su mamá a su control médico. Prometió que regresará.

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