Guardianes de la naturaleza y autoridades unieron esfuerzos para alejar los peligros que amenazan a los páramos cercanos y a su vez al recurso hídrico que alimenta al área metropolitana de Bucaramanga.
En lo alto del páramo de Monsalve, parte del complejo de Santurbán, nace una de las joyas hídricas más preciadas para Bucaramanga y su área metropolitana: el río Suratá. Este afluente serpentea entre montañas, frailejones, nubes bajas, pastizales y arbustos, y abastece la planta del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB), ubicada en el sector de Bosconia, al norte de la ciudad.
Este ecosistema es vital. Según Omar Pompilio Reyes, tecnólogo forestal del AMB, “aquí hay humedales que regulan el agua que alimenta al río Suratá. La flora y fauna existentes son estratégicas en este proceso”.
Amenazas a un santuario natural
Vanguardia recorrió, junto a la Alcaldía de Bucaramanga y el AMB, uno de estos predios estratégicos: Monsalve lote dos. Allí, además del humedal, se pueden observar frailejones que atrapan la humedad, cascadas de agua cristalina y aves que revolotean libres entre la vegetación.
Sin embargo, este santuario enfrenta amenazas preocupantes. Una de ellas es la ganadería. Vecinos del predio permiten el ingreso de ganado vacuno, que no solo consume el pasto, sino que también daña la vegetación fundamental para la producción de agua. El estiércol regado por los senderos evidencia la contaminación que genera esta práctica.
En otra zona del lote se observan bocaminas con rastros de minería artesanal de oro, otra actividad que pone en riesgo el equilibrio ecológico del páramo.
Acciones para proteger el agua

Ante esta situación, y por instrucción del alcalde Jaime Andrés Beltrán, el lote Monsalve dos fue adquirido por la Administración Municipal, que emprendió acciones inmediatas para frenar la invasión y el impacto de la actividad humana.
José Carlos Manosalva, director del Departamento Administrativo para la Defensoría del Espacio Público (DADEP), explicó que lo primero fue adelantar una inspección y definir los puntos en los que se requiere cerramiento.

“Luego de comprar el terreno lo entregamos en comodato al Acueducto Metropolitano, que se encarga de su protección. La idea es que cuide la fauna y flora, y que no haya ningún tipo de explotación ni presencia de semovientes”, expresó el funcionario. Vea además: ¿Estaciona en el centro y Cabecera?: ahora le cobrarán por parquear en la calle
Manosalva recalcó: “El agua que nace aquí es la que llega a nuestras casas y apartamentos en Bucaramanga. Nuestra misión es cuidarla”.
Guillermo Pitta Morales, junto a dos funcionarias de la Secretaría de Salud y Ambiente, verificó las fuentes hídricas de la zona. Su labor ahora se centrará en educar a las comunidades cercanas sobre la importancia de no romper el ciclo del agua.
A la fecha, la Alcaldía ha adquirido seis predios estratégicos, sumando cerca de 900 hectáreas, y la meta es comprar 800 hectáreas más en lo que resta del año.
El ‘caballero’ del páramo
Aunque no lleva armadura, ni caballo, ni espada, Sleyder Rodríguez sí empuña machete, se desplaza en moto y viste uniforme azul. Es uno de los ‘caballeros del agua’ encargados de custodiar este ecosistema.
Nacido en Suratá, Rodríguez es uno de los guardabosques designados por el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga.

“Mi función es hacer recorridos, verificar que las cercas estén en buen estado, que no las rompan para meter ganado, y asegurarme de que no haya talas de árboles”, contó.
Pasó de trabajar como jornalero a estudiar temas ambientales y convertirse en guardabosques. “Me gusta cuidar los bosques, caminar para ver que todo esté en orden. Me encomendaron la misión de cuidar predios en Suratá, Matanza y California”.

En su andar por los predios protegidos, Sleyder representa ese compromiso silencioso pero firme por el agua, por la vida y por la conservación de uno de los patrimonios naturales más valiosos de Santander.