SEMANA revela cómo será el plan del presidente Abelardo De La Espriella para cazar a los objetivos de alto valor que se fortalecieron durante el gobierno de Gustavo Petro.
Caquetá, Meta, Guaviare, Antioquia, Bajo Cauca antioqueño, Catatumbo, Cauca y Tolima son las regiones priorizadas por el Gobierno de Abelardo De La Espriella para combatir a las estructuras criminales y cazar a sus cabecillas.
SEMANA conoció detalles de los planes ofensivos del ministro de Defensa entrante, Jorge Mora, para ubicar a los objetivos de alto valor definidos por el presidente electo.
La guerra, según fuentes consultadas por SEMANA, será agresiva contra determinados grupos criminales. Dentro de la hoja de ruta que trazó el nuevo Gobierno está atacar a las organizaciones criminales que tienen algún grado de conexidad con grupos terroristas internacionales, como Hezbolá.
El documento reservado del nuevo Gobierno estableció el orden de sus prioridades: disidencias de las Farc de Iván Mordisco, disidencias de alias Calarcá, la cúpula del ELN y el Clan del Golfo.
Para darle libertad total a la fuerza pública a fin de atacar a dichas estructuras con toda la capacidad del Estado, una de las primeras acciones que tomará el nuevo presidente sería tumbar de un plumazo todos los decretos de la paz total de Petro, que permitieron el fortalecimiento de los grupos delincuenciales y protegieron a criminales como Calarcá.
En segundo lugar, se plantea que a partir del 7 de agosto la cooperación con Estados Unidos entrará en una nueva fase repotenciada. Para ello, los norteamericanos pondrán a disposición de Colombia información de inteligencia y los sofisticados drones que están volando en la frontera con Ecuador y Venezuela.
Estos equipos cuentan con alta tecnología, reconocimiento de calor, autonomía de vuelo de hasta ocho horas y alcanzan una altura de 10.000 pies para ser indetectables. Permitirán recopilar y transmitir información en tiempo real sobre el crimen transnacional.
En tercer lugar, Estados Unidos mantendrá en aguas internacionales del Pacífico y el Caribe dos portaaviones con la intención de seguir bombardeando lanchas cargadas de cocaína, como se ha visto en los últimos meses.
La idea, según fuentes del Gobierno entrante consultadas por SEMANA, es que desde los portaaviones se lancen misiones especiales con distinta clase de drones contra las mencionadas estructuras. En cuarto lugar, el redireccionamiento de satélites gringos hacia Colombia para ayudar a los militares y policías nacionales con información sobre la ubicación de objetivos de alto valor definidos por el Gobierno de Abelardo De La Espriella.
De acuerdo con las fuentes, la importancia de la cooperación internacional en este nuevo capítulo en el que entra Colombia es fundamental. Desde ya se tiene información de que, tras la llegada de Estados Unidos a Venezuela, los objetivos de alto valor del ELN y las disidencias de las Farc que estaban en el vecino país escondidos están retornando a Colombia para armar madrigueras y ocultarse de la acción de las autoridades.
Una situación similar está ocurriendo en Ecuador, en donde, según las fuentes, los cabecillas están sintiendo pasos de animal gigante tras las relaciones y el apoyo entre Quito y Washington en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Por esta razón, antes de tomar posesión, el presidente electo ha dado puntadas sobre la tarea de la fuerza pública y le asignó objetivos de alto valor para que, apoyada en inteligencia, que será fortalecida, logre golpes certeros.
En orden de importancia, el Gobierno de De La Espriella puso en primer lugar a Iván Mordisco, quien se mueve por Guaviare y Caquetá. Siguen alias Calarcá, la cúpula del ELN y el Clan del Golfo, como blancos prioritarios de la fuerza pública.
No es para menos. Las disidencias de las Farc ocupan el 19 por ciento del territorio nacional, es decir, 229.000 kilómetros cuadrados. Solamente los grupos de Mordisco reúnen, según documentos de inteligencia, más de 4.200 hombres, mientras que los de Calarcá, más de 2.900.
El ELN cuenta con 6.900 integrantes, distribuidos en 92.000 kilómetros cuadrados del territorio nacional, y sus bloques y frentes hacen presencia en La Guajira, Santander, Norte de Santander, Arauca, Vichada, Casanare, Antioquia, Chocó y Nariño, además de áreas en Venezuela en zona de frontera.
La lista negra
El mensaje del presidente electo a los criminales fue claro: o se someten, o serán dados de baja. A algunos les dio diez días para que se rindan.
Quienes entraron a la vanguardia en la lista negra del nuevo jefe de Estado fueron Róbinson Navarro Flores, alias Alfred, cabecilla del Frente de Guerra Nororiental del ELN, en la zona del Catatumbo. Carlos Andrey García, alias Andrey, delegado del frente 33 de las disidencias de las Farc de Calarcá. Y Naín Andrés Pérez Toncel, alias Bendito Menor, jefe de la estructura Los Pachenca.
Otros criminales a los que De La Espriella les dio ultimátum fueron Carlos Rodríguez Másmelas, alias Chapolo, con injerencia en el sur del Tolima (Ataco, Chaparral, San Antonio), por quien hay una recompensa de hasta 200 millones de pesos. Alias el Enfermero, buscado por concierto para delinquir, homicidio y terrorismo. Y alias Piolín, de la facción de Mordisco.
También, Eduardo Ortiz, alias Eduardo, de la facción de alias Calarcá. Y Luis Miguel Hidalgo, alias Ronald o Ratón, del Clan del Golfo, quien delinque, según la fuerza pública, en Caldas y Tolima.
Aunque estos son los que ha nombrado De La Espriella públicamente, miembros de su comité de empalme del sector defensa le indicaron a SEMANA que los tradicionales cabecillas de las organizaciones criminales están en el listado de prioridad.
El comando central (Coce) del ELN y la dirección nacional también forman parte de los objetivos de alto valor del próximo Gobierno. La lista negra la integran Antonio García, Pablo Beltrán, Gabino y el sanguinario alias Pablito.
El Clan del Golfo es otra de las organizaciones criminales en el mapa del Gobierno que tomará posesión el próximo 7 de agosto. Paradójicamente, fue el grupo que más se fortaleció en el gobierno de Gustavo Petro, uno de los más acérrimos enemigos de las Autodefensas Unidas de Colombia.
Al inicio del Gobierno Petro se presentó el mayor crecimiento del Clan del Golfo. En 2022, contaba con 4.000 integrantes; en 2023, 6.020; en 2024, 7.600; en 2025, 9.915. Su cabecilla, alias Chiquito Malo, también es objetivo de alto valor.
La radiografía de orden público que recibe el Gobierno de De La Espriella no es la más alentadora: mientras que el Ejército necesita 25 billones de pesos para modernizarse, los grupos criminales se fortalecieron. Cuentan con cerca de 30.000 hombres, con armamento renovado y equipos de última tecnología.